sábado, 14 de marzo de 2009

Educación, cultura, religión y Dios

Hace poco estaba platicando con una persona sobre los problemas que aquejan a nuestro país (México), y me dijo: "Para mejorar las condiciones de vida de nuestro país es necesario avanzar en la educación". Como algunos sabrán, soy maestro de secundaria, por lo que su respuesta me aguijoneó, aunque sé que no era un ataque personal. No obstante, eso hizo que me pusiera a reflexionar sobre la veracidad y la validez de su argumento.

Educación
Es cierto que hace falta un cambio en nuestra forma de vida como nación, es cierto que la educación es formativa (no sólo informativa) en dichos aspectos; pero también es cierto que la educación es incapaz de modificar las costumbres y hábitos culturales de un pueblo. La educación surge de la cultura, no la cultura de la educación. Aquellos que opinen que esto es mentira porque objetivamente podemos ver cómo el proceso educativo moldea las concepciones, construcciones y perspectivas del mundo en el niño durante su proceso educativo, deben permitirme aclarar que eso no es a lo que yo estoy llamando educación en este momento; eso sería "un hecho educante", y acorde con esa definición estoy de acuerdo con lo que afirman. Pero a lo que hago referencia es al proceso cultural llamado educación (sin importar que sea formal o informal). Éste no puede modificar a la cultura de la cual depende para existir; lo que sí puede hacer es modificar el estilo de vida para que refleje la cultura de la cual depende. En esto estoy de acuerdo con quienes afirman que la educación es punta de lanza para promover y difundir la cultura —una (cualquier) cultura—, pero siendo un elemento dependiente de ésta es imposible que los cambios y modificaciones fluyan cascada arriba
Cultura
En el transcurso de la historia podemos ver que los cambios culturales van de la mano con el estilo de vida, principalmente porque se promueven nuevos "valores" en la educación. Éstos no son sino aquellas cosas —llámense actitudes, conductas, sentimientos, objetos, etc.— a las que la cultura imperante da mayor importancia. Por ejemplo, para los griegos, la belleza del discurso era importante para decidir si se le debería hacer caso o no a sus palabras —fueran ciertas o falsas—; para los germanos la valentía era importante y no necesariamente lo era la justicia; para los romanos la utilidad era lo que importaba (¿me sirve para lograr mis propósitos?). Podemos mencionar muchos otros ejemplos, pero con estos nos basta por el momento. Cuando nos damos cuenta de que los valores culturales cambian, pocas veces —si alguna vez lo hacemos— nos fijamos en el por qué de dicho cambio. De nuevo, la cultura no cambia porque cambien los valores, sino que los valores cambian porque cambia la cultura. De modo que surge la pregunta: "¿Por qué cambia la cultura?". (Note que he dicho "por qué", no "cómo".) La cultura es una parte de lo que algunos filósofos modernos llaman cosmovisión (perspectiva o visión del cosmos o mundo). La cultura no es más que la expresión manifiesta de la cosmovisión. (Por ello es imposible modificar la cultura, ya que es simplemente una expresión de un algo más profundo.) Dicha cosmovisión corresponde con la religión (la verdadera religión, no las manifestaciones culturales religiosas) o no-religión (pensando en aquellas personas que no creen en un dios[1]).
Religión
Aclaremos algunas cosas: entendamos que la palabra religión significa re-ligar (o re-unir), específicamente con dios. Dicho dios puede ser cualquier persona o cosa: el Dios de la Biblia; Alá, Shiva, Odín, Quetzalcóatl, la Santa Muerte, Buda; yo, mi novia, mi familia, mi iglesia, el presidente, el candidato, mi jefe, mi maestro, mi mascota; el "amor", la libertad, mi inteligencia, mis pasatiempos, el dinero, el placer, mi profesión, mi salud, la ciencia, el fútbol, mi computadora, el software libre, la maceta de mi alcoba, etc.; lo que lo identifica como mi dios es que todo mi mundo, toda mi vida, todo cuanto hago, deseo, planeo... todo depende y gira alrededor de X cosa. De la relación entre mi persona y mi dios —recordando que dicha relación es mi religión— surge y se conforma mi entendimiento y mi percepción del universo (mi cosmovisión). Por lo tanto, toda nuestra cultura depende de nuestro dios (aunque seamos ateos) y de lo que nuestro dios nos demande surgen nuestra moral y nuestros valores. De modo que no importa cuál sea el nombre de nuestra religión, o si tiene nombre, o si negamos tener religión alguna; lo importante es quién es nuestro dios, porque indudablemente lo tenemos... mejor dicho le pertenecemos.
Procesos culturales
Si entendemos lo anterior, nos daremos cuenta de que los cambios culturales de los que la gente luego habla con tanto orgullo de estar enterado de cosas tan elevadas, no son sino la sombra proyectada de nuestra religión bajo la iluminación de nuestro dios; en otras palabras, no son más que vientos movidos por el sol. Ahora entendemos que para que haya un cambio cultural hace falta un cambio de religión, como lo muestra la evolución de las culturas. Todo cambio cultural ha implicado un cambio de religión... de divinidad(es)... del centro de nuestra existencia. Si también entendemos que de nuestro dios depende nuestro bienestar tanto personal como familiar, comunal y social, la siguiente pregunta obligada es: "¿Cuál dios es el bueno?". (Esta pregunta les parecerá chocante a algunas personas, pues pensarán en ella como si se hablara de un remedio para la tos, un equipo de fútbol o un candidato a algún puesto político... y tendrán toda la razón, pues mi intención es, precisamente, hacer notar cuan fácil es degradar a Dios —por favor pongan atención en la mayúscula— a la posición de ídolo en un intento por hacer de las cosas comunes un dios.) Al observar el desarrollo de las distintas culturas se puede llegar erróneamente a la conclusión de que el cristianismo ha sido exitoso, en parte, porque comparte algunos valores con la filosofía en boga; pero la verdad es al revés: las culturas en desarrollo han tenido éxito debido a que de fondo comparten algunos puntos de vista del cristianismo, y, lo reconozcan o no, éste les ha heredado aquellos valores importantes para contribuir al desarrollo de la cultura, la ciencia, las artes, etc. También se puede ver que cuando una sociedad se aleja de Dios (el Dios cristiano, el Dios de la Biblia) dichos valores inevitablemente se desintegran, alejando a la sociedad en cuestión a un oscurantismo y decadencia.
Dios
Cuando nos alejamos de Dios, todos los valores que pensamos que tenemos, cambian, porque cambia la raíz, el sustento, el fundamento de ellos. Quizá les seguimos llamando por el mismo nombre y creyendo que son lo mismo, pero han dejado de ser lo que eran: lo bueno que había en ellos se ha ido, porque Dios ya no está en el lugar que le corresponde en nuestras vidas. Cristo es el origen, centro y fin último de la creación; y nosotros, como seres creados, debemos darle el lugar que le corresponde a Él y sólo a Él. Él es quien hizo nuestra existencia, nuestro cuerpo, nuestra mente; Él debe ser el motivo y propósito de todo cuanto hay en nuestras vidas, porque fuimos hechos para ello, fuimos diseñados para ser felices sólo con Él en el lugar que le corresponde: el de Dios.
Sociedad
Así que no nos preocupemos por las políticas de seguridad, ni de educación, ni económicas. Nuestro problema es más radical. Proviene de la raíz misma de nuestra existencia. Nuestro problema no es educativo. Nuestro problema es religioso; nos hemos alejado de Dios y de su Ley, hemos (como nación) tenido en poca estima su Sabiduría, y hemos deshechado el regalo de su Gracia. Nuestra nación no necesita un cambio de gobierno, ni de gabinete, ni de presidente, ni de modelo filosófico o económico: necesita un corazón nuevo, atento a la Palabra de Dios, a Su voluntad, agradecido con su providencia y responsable de lo que nos ha tocado por mayordomía. No es un problema de recursos (México es uno de los países más ricos del mundo en recursos naturales); la India también es riquísima en recursos, pero sus religiones no le permiten dar gloria al verdadero Creador y en lugar de ello se han inclinado ante las bestias, el palo y la piedra. No es tampoco un problema educativo: la Rusia comunista tuvo grandes avances en materia de ciencia educativa y promoción de la cultura y avances en ciencia y tecnología, pero se desmoronó porque erigió a la humanidad, a través del Estado totalitario, en el lugar de Dios, y el Estado totalitario que erigieron los aplastó por carecer de la bondad y la providencia de Dios Todopoderoso. Miremos a la historia desde la perspectiva bíblica, con una cosmovisión cristiana, y aprendamos de los errores del pasado, así como de sus aciertos. Los Estados Unidos se erigieron en potencia mundial a causa de sus raíces bíblicas; su origen fue el de una colonia de refugiados protestantes en el imperio Británico, pero no fueron sus ideales ilustracionistas lo que los llevó a la posición de potencia mundial, sino que su cultura abrevó profundamente en la palabra de Dios. De hecho fue la semilla de la ilustración (separada de Dios, por dar mayor gloria a los hombres mortales que al Dios eterno) lo que la ha llevado a su actual situación de depravación moral, degradación humana y decadencia cultural. México está pasando por momentos de crisis política, económica y social muy fuertes, pero no son nada comparados con los problemas espirituales, religiosos (en su sentido real) y culturales (entendidos como la relación entre religión y sociedad). La educación es importante, pero hace más falta un acercamiento de los corazones a la palabra de Dios.
Notas:
[1] Algunos ateos se sienten escandalizados y ofendidos cuando se les dice que su religión es el ateismo.